Bueno en fin tuve aproximadamente 25 alumnos, lo cual es demasiado, fue demasiado, la mayoría son hiperactivos y no todos se llevaban bien, otros tantos que eran primos y otros que querían conseguir novia... Dos semanas que tuve que hacer acopio de paciencia y mucho pero mucho cariño a esos niños latosos y que además ya están en quinto, sexto de primaria y algunos en secundaria y !no saben escribir!
De plano dividí el grupo a la mitad, la primera mitad se quedaba en el salón conmigo y recibían la clase mientras la otra mitad tenía una dinámica de grupo: un juego. Mi novio me apoyó en esto y el puso los juegos, aun así, no se les acababa la energía ni se les aplacaban las hormonas, así que aun con la mitad del grupo era muy difícil darles la clase. Mi autoridad quedó por los suelos y no fue sino hasta el último día de clases que hablé con ellos personalmente pidiendo respeto, respondieron bien y me ayudaron, pero tristemente para el día de la clausura de clases se les había olvidado, así que tuve que decir: -Bueno, pues se pueden ir, nadie los obliga a estar aquí. Su respuesta fué muy clara: la sorpresa, los ojos grandes y la cara de susto... silencio por instantes y después.... a rezongar.
No fue una despedida bonita, especialmente de dos alumnitos, pero ya me ocuparé de ellos. La mayoría no se despidió, pero otros sí, hasta besito me tocó! Ya contaré mas detalles, pero si dejo dicho que a varios les tuve que jalar sus orejitas y a otros hasta manazo les tocó, pero... ya no hay respeto.
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